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Google muestra Chrome, un sistema operativo que sólo es útil para Internet
No hay retrasos en Mountain View. Cuatro meses y 10 días después de anunciar que lanzaría un sistema operativo para ordenadores personales, Google ha mostrado por primera vez Chrome, que es como se llamará, y ha liberado su código para que todo el que esté interesado pueda trabajar con él. Además, los primeros equipos que lo incorporen llegarán al mercado el último trimestre de 2010, ha anunciado la compañía, que no ha mencionado el precio que podrían alcanzar.
Un anuncio que no significa que el usuario medio pueda descargar e instalar fácilmente Chrome en su ordenador pero que posibilita que un desarrollador se lo facilite o haga desarrollos específicos para el nuevo rival de Windows. Chrome se basa en el navegador de la compañía del buscador, lanzado en 2008 y que todavía no ha tenido el éxito esperado, y comparte la filosofía de hacer el uso de la Red más “seguro, estable y rápido”.
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Sundar Pichai, vicepresidente de Google, ha sido el encargado de mostrar al mundo la primera demostración de este sistema operativo. A primera vista, hay dos cosas que sorprenden: su extraordinario parecido con un navegador -concretamente, con el de Google- y la velocidad a la que se enciende, apenas 15 segundos.
También es sorprendente lo poco que se parece a otros sistemas operativos, al menos para el usuario final. Chrome trabaja en la Red, con aplicaciones ‘on line’ en lugar de tenerlas instaladas en el ordenador. Así, según ha explicado Matthew Papakipos, director de ingeniería de Chrome, es posible ahorrar muchos pasos de carga y uso de la memoria del ordenador que lo ralentizan para, a cambio, permitir el uso programas pesados que necesitan grandes recursos.
Al trabajar de forma permanente ‘on line’, la seguridad es una de las claves para que el proyecto sea viable y gane la confianza de los usuarios. Por ese motivo, Google insiste una y otra vez en que está garantizada, aunque reconoce que ningún sistema es inviolable ni totalmente seguro.
Para conseguirlo, según explican Caesar Sengupta y Matt Papakipo en el blog de la compañía, han hecho que Chrome no confíe en ninguna aplicación instablable por defecto y que, además, las ejecute en contenedores aislados para evitar posibles contagios. Para rematar, cada vez que se inicia, comprueba su propia integridad y, si encuentra fallos, se reinicia para corregirlos.
A su medida
Lo visto en esta primera demostración lleva a pensar que Google ha hecho un sistema operativo a su medida. Con pestañas, para trabajar con sus aplicaciones ‘on line’ y en los ordenadores que le interese y estén ajustados todo lo posible a Chrome.
La compañía del buscador piensa, sobre todo, en en miniportátiles. Ordenadores que tengan memoria ‘flash’ en lugar de discos duros tradicionales. Que sean ligeros, con un teclado completo, mejor resolución y ‘trackpad’. Tanto es así que Pichai ha adelantado que Google certificará ‘hardware’ para su sistema operativo en lugar de trabajar con cualquier sistema. De modo que si alguien pensaba instalar Chrome en su equipo actual, lo tendrá difícil.
Como es habitual, la compañía no descarta nada para el futuro, como que Chrome se convierta en ’software’ para servidores. Y, por si acaso, aclara que no espera que su sistema operativo sea la referencia en un hogar, sino una segunda opción para pequeños equipos portátiles.
Un detalle curioso es que, pese a las dificultades que Microsoft ha sufrido con Windows por no dar la posibilidad de incluir por defecto ’software’ de otras compañías, Google ya ha adelantado que Chrome no aceptará un navegador que no sea el propio. Una decisión lógica por cómo está desarrollado pero problemática, dado que otros fabricantes de ’software’ no tardarán en reclamar su espacio.
“Gracias a Chrome OS, hemos conseguido que la informática sea más rápida, fácil y segura”, ha asegurado Sundar Pichai, vicepresidente de Gestión de Productos de Chrome. Desde luego, al menos para Google, la afirmación es cierta. Para el resto, veremos.
Microsoft prepara la beta pública de Office 2010

La próxima semana se distribuirán millones de copias de la beta pública de Office 2010, la nueva suite de productividad de Microsoft.
El mes pasado Steve Ballmer, CEO de Microsoft, prometió que su compañía desplegaría la beta de Office 2010 en noviembre y parece que será la próxima semana cuando se distribuirán millones de copias de la suite de productividad de la compañía.
Lo que no está claro, y Microsoft no ha querido desvelar, es si cobrará a los usuarios que se descarguen la beta pública de Office 2010, una táctica utilizada con la segunda beta de Office 2007, cuando permitió a los clientes que probaban la suite dentro del navegador hacerlo gratis pero cobró 1,50 dólares a los que se descargaron la preview.
Entre las novedades de Office 2010 destacar no sólo una mayor optimización de los recursos que le hace funcionar mejor que su antecesor, Office 2007, sino una nueva herramienta que permiete hacer capturas de pantalla. Además, ahora están preinstaladas herramientas de traducción así como animaciones y transiciones en PowerPoint.
Oficce 2010 también permite guardar archivos directamente en SharePoint y ofrecesoporte nativo para el formato ODF, además de poder exportar documentos a PDF. También se incluye un “Modo Protegido” que funciona con los documentos descargados desde Internet, que permanecerán bloqueados hasta que hayamos autorizdo realizar alguna acción explícitamente.
Cuarenta años online

A las 22.30 del miércoles 29 de octubre de 1969, el estudiante Charley Kline, de la Universidad de California en Los Angeles, intentó conectarse a una computadora en el Stanford Research Institute, donde estaba Bill Duvall. Tenía que transmitir la palabra login (conectar), pero a la tercera letra todo el sistema se colgó. Una hora más tarde, sin embargo, logró transmitir la palabra. La tecnología que daría vida a Internet era una realidad.
En rigor, lo que estaba en pleno funcionamiento era Arpanet, red precursora de lo que hoy conocemos como Internet, que pasaría de tener cuatro computadoras conectadas en 1969 a los más de 680 millones de equipos que hoy componen la red de redes.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial llegó la bomba atómica, la Guerra Fría y, en 1954, el transistor de silicio, dando pie a los circuitos integrados y a la posibilidad de crear computadoras cada vez más poderosas y relativamente más económicas, que se fueron instalando en los centros académicos más importantes de Estados Unidos.
En 1961, Leonard Kleinrock publicó un trabajo en el que analizaba la posibilidad de transmitir información en forma de paquetes de datos, y no como un único bloque, como una manera de aprovechar las redes de comunicación existentes. En diálogo con La Nacion en 2003 (ver www.lanacion.com.ar/468833 ), Kleinrock explicó que se dio cuenta de la diferencia entre la manera en que los humanos aprovechamos una conexión telefónica y en cómo podían hacerlo las computadoras: un tercio de cualquier llamada está compuesto por silencio, mientras pensamos, titubeamos y demás. Al usar una computadora, pasa lo mismo: la mayor parte del tiempo el equipo está a la espera de una orden. En ese entonces las computadoras eran pocas y muy caras (cada una del tamaño de una habitación) y había muchos científicos ansiosos de usarlas. Kleinrock comprendió que se desperdiciaba su capacidad y que sería mucho más útil compartirlas con otros usuarios remotos. Una manera era accediendo a ellas por teléfono (desde lo que se llama una terminal), pero había que buscar la manera de liberar la línea para otros usuarios mientras el equipo esperaba más instrucciones. Y demostró así que se podían aprovechar mucho mejor los recursos si se compartían.
Un año antes, el investigador J. C. R. Licklider había publicado un ensayo sobre la interacción entre hombres y computadoras, y volvería a maravillar a la comunidad científica en 1962, cuando imaginó redes de computadoras compartiendo información entre ellas y permitiendo a sus usuarios lograr en instantes cálculos complejos. Ese año comenzó a trabajar en la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada del Departamento de Defensa estadounidense (ARPA, según sus siglas en inglés en esa época).
La idea de construir una red que permitiera a los científicos aprovechar los recursos informáticos desperdigados por todo el país fue bien recibida por la agencia y se comenzó a investigar el tema.
En 1965, Lawrence Roberts, en el Massachusetts Institute of Technology, conectó por primera vez dos computadoras y demostró que lo que decían Kleinrock y Licklider tenía sentido. Un año después comenzó a trabajar en ARPA diseñando la estructura base de la red que uniría las computadoras de Estados Unidos usando las teorías de Kleinrock.
Roberts se abocó a la construcción de la red, basando su funcionamiento en tres premisas: bajo costo, velocidad y confiabilidad. “Un problema inicial que tuvimos fue que la telefónica y la gente del Departamento de Defensa del área de comunicaciones, no creían que pudiéramos usar paquetes de datos, pensaban que no iba a funcionar -le explicó a La Nacion en diálogo telefónico-. Y a la gente de las universidades y los centros de investigación no le gustaba la idea de que otros utilizaran sus computadoras. Pero al tiempo de usar la red se dieron cuenta de que se ahorraban mucho dinero al aprovechar los tiempos muertos que tenían los equipos.”
El primer nodo de la red Arpanet fue la oficina de Kleinrock en la Universidad de California, en Los Angeles. La razón era sencilla: la red se basaba en sus teorías, así era lo más cercano a un experto que podían tener. El segundo nodo se instaló en el Stanford Research Institute, en las oficinas de Douglas Engelbart, creador del mouse y la interfaz gráfica, entre otras cosas. Engelbart y su equipo también estaban muy avanzados en aplicaciones basadas en compartir los recursos ofrecidos por un mismo equipo. La Nacion publicó una entrevista a Engelbart el 7 de octubre de 2002 (ver www.lanacion.com.ar/437795 ).
Así dieron inicio, el 29 de octubre de 1969, a la primera red de computadoras llamada Arpanet. A medida que fueron pasando los años, más nodos con más equipos se fueron sumando en todo el país, y comenzaron a surgir redes similares. Tanto, que en 1972 se comenzó a hablar de crear una Internet, es decir, una red de redes, que las vinculara a todas. Y que nada tenía que ver con la empresa que, en 1953, registró esa palabra como marca en la Argentina para la venta de ropa interior (ver www.lanacion.com.ar/468808 ).
Para eso se necesitaba un lenguaje común que permitiera intercambiar datos en forma transparente entre las redes. La tarea de desarrollar ese lenguaje, que se llamó TCP (y luego TCP/IP), recayó en Vinton Cerf y Bob Kahn; en 1974 terminaron el diseño de este protocolo, y en 1983 toda Arpanet migró a este estándar, haciendo invisibles las barreras entre una red y otra. En 1984 se superó el millar de nodos interconectados.
La Red no era como la conocemos hoy. Entonces, la aplicación clave era el correo electrónico, ideado por Ray Tomlinson en 1971 (ver www.lanacion.com.ar/179585 ). Roberts escribió, en 1972, el primer programa capaz de listar los mensajes, reenviarlos y responderlos. Hasta entonces eran una simple lista de textos.
“El uso original de Arpanet -recordó Roberts- era el acceso remoto a los equipos por gente que estaba alejada, para usarlos y correr programas en esas computadoras, cosas que no podían aplicar en los equipos que tenían en su universidad. También se la usaba mucho para enviar y recibir archivos. De hecho, uno de los problemas que yo tenía cuando estaba en el MIT era mover fotos que había escaneado de un equipo y hacérselas llegar a gente que estaba en otra computadora. Yo tenía uno de los pocos scanners que había en el mundo. En 1971 llegó el e-mail, y se hizo tan popular y tan rápido que fue el principal consumidor de tráfico durante muchos años.”
Aunque desde el inicio de Arpanet se pensó siempre en facilitar el flujo de información entre los científicos aprovechando los recursos disponibles, y Roberts, Licklider, Kleinrock y otros son considerados con justicia unos visionarios, hubo cosas que no previeron. “Pensábamos en cientos o miles de computadoras como mucho, no los millones de ahora -rememoró Roberts-. Sabíamos que la Web era algo que iba a pasar, porque Engelbart había estado trabajando con gráficos e hipervínculos, pero no teníamos las herramientas. También pensamos desde el inicio de Arpanet en la transmisión de voz, lo que hoy es Voz sobre IP, pero no de video. Ese es un tema que todavía no hemos resuelto bien.”
Internet tuvo su punto de inflexión en 1991, cuando se permitió el acceso comercial a la Red y Tim Berners-Lee creó la World Wide Web. En 1995 (año en que llegó Internet a la Argentina en forma comercial) había 16 millones de navegantes; hoy son 1669 millones de personas.
Todo, gracias a un mensaje enviado hace 40 años.

